Ayer en la asociación tuvimos una sesión de terapia atípica, un antiguo miembro y compañero nuestro, voluntariamente (tal vez por no haber aprendido a decir no) nos relato a grandes rasgos el transcurso de su vida.
Su relato me dejo profundamente conmovido, ha medida que nos contaba su historia, pase rápidamente, de creer que lo que iba a escuchar seria una serie de logros conseguidos a lo largo de su extensa experiencia como exludópata, a encontrarme justo con el extremo opuesto, fracasos y mas fracasos, lo que desgraciadamente le ha conducido al abandono de toda esperanza de rehabilitación y por lo tanto a vivir resignado para el resto de sus días, en un purgatorio constante.
Para mi personalmente, la sesión ha sido desde el comienzo de su relato, hasta el final, cuando ha respondido a todas nuestras preguntas, cuestionándole el porque de ese abandono, totalmente ejemplarizante de hasta donde nos puede llevar esta maldita enfermedad, si bien o no se toma en serio y por lo tanto no se le da la importancia que tiene, o bien nos rendimos ante nuestros fracasos y nos dejamos abandonar al paso de la vida.
Afortunadamente, en mi caso las cosas van por el buen camino, espero y deseo que pueda deciros lo mismo dentro de mucho tiempo.
Pero es seguro que de tener que afrontar una nueva recaída, (que no llegara si seguimos haciendo las cosas bien, tanto mi pareja, como yo mismo) recordaremos la lección recibida por el compañero, para ponernos las pilas, no abandonar y seguir para delante.
Por lo tanto amigo, gracias por tu relato y permíteme a continuación que te exponga esta pequeña historia:
MIRA LAS HORMIGAS
El hecho sucedió en el sudoeste asiático, en el siglo XIV. El ejército del conquistador asiático, emperador Tamerlane (descendiente del Gengis Khan), había sido derrotado y dispersado por un poderoso enemigo. El mismo Tamerlane estaba escondido en un establo abandonado mientras las tropas enemigas recorrían la comarca.
Estando allí, desesperado y vencido, Tamerlane observó a una hormiga tratando de llevar un grano de maíz por una pared perpendicular. El grano era más grande que la hormiga. El emperador contó sesenta y nueve intentos de la hormiga por llevar el granito. Sesenta y nueve veces se le cayó. Desandaba y volvía a comenzar. Pero en el número setenta logró empujar el maíz por la pared hasta su meta.
Tamerlane se puso de pie de un salto y gritó:
- ¡Yo también triunfaré!
Y así fue. Reorganizó sus tropas y puso al enemigo en fuga.
MORALEJA:
Siempre se esta a tiempo de conseguir una meta en la vida, aunque antes falles en muchos intentos.
Ponte en marcha con fuerza otra vez y como me gusta decir siempre, paso a paso se llega lejos.